s�bado 17 de mayo de 2008

La mirada de un ni�o


La afici�n por los ni�os que tiene el cine espa�ol es un s�ntoma de un problema m�s profundo: el cine espa�ol abomina de la producci�n. La producci�n esforzada propia del cine norteamericano se considera zafia y sin sustancia. Lo cool es sostener toda la pel�cula sobre las anchas espaldas de un gui�n realmente magistral y unos interpr�tes realmente magistrales. Los ni�os tienen la ventaja de que salen intensos y expresivos de f�brica, as� que son una elecci�n obvia para los cineastas unas vez que tienen el super-gui�n entre sus manos.

Unos cuantos movimientos de c�mara impresionantes tampoco vienen mal (por ejemplo, pasear lentamente el objetivo cinco minutos de reloj sobre un trozo de papel de pared, mientras los ni�os protas se comunican entre s� en susurros).

Se dice que la falta de producci�n aguza la imaginaci�n. En el cine espa�ol, si una escena de conversaci�n transcurre en un bar, se apa�a el escenario con dos cajones superpuestos cubiertos con una tela, una mesita de camping y un camarero que aparece como movido por un resorte en el momento de hacer la comanda. En las pel�culas norteamericanas, una escena parecida suele requerir una semana, cientos de extras, un equipo de guionistas para construir el personaje del camarero y cantidad de decorados y material de iluminaci�n.

Existen excepciones. La serie de Torrente, el expolic�a gordo, alcoh�lico y del Atl�tico, tiene una producci�n extraordinaria. En el interior de la casa del protagonista, parece que la mugre se puede tocar. El propio personaje de Torrente, interpretado por Santiago Segura, es un alarde de dise�o de producci�n. Otras pel�culas espa�olas posteriores a 1953 tambi�n han cuidado este aspecto del arte cinematogr�fico. Pero son m�s la excepci�n que la norma.

En realidad, el uso de ni�os en pel�culas no es intr�nsecamente malo para el resultado del film: ah� est�n los ejemplos de Ladr�n de bicicletas, Masacre (Ven y mira), El sexto sentido o La lengua de las mariposas. Pero lo que no se puede hacer es agarrar a un ni�o bien alimentado espa�ol actual, con el pelo cortado como un taz�n boca abajo, encasquetarle una boina e intentar que represente �l solito toda la parte tr�gica de lo que pas� en Espa�a en los �ltimos 70 a�os, por ejemplo.

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