

La Ido�beda se extiende por territorios actualmente usurpados por las Comunidades Aut�nomas de Castilla y Le�n, Arag�n y Castilla-la Mancha, entidades pol�ticas opresoras en su castellanismo, mancheguismo y aragonesismo y pertenecientes todas ellas al Estado espa�olista igualmente opresor. Su extensi�n aproximada es de 50.000 kil�metros cuadrados, con una poblaci�n de medio mill�n de almas. Su bandera est� compuesta por dos franjas horizontales, verde la superior y roja la inferior, con una estrella de ocho puntas blanca incrustada entre ambas. La capital de la naci�n Idoubedana es Soria. Su lengua es romance, con notables improntas c�lticas y un cierto influjo ibero, especialmente en su mitad este. Es hablada extensamente y cuenta con una literatura no desde�able. Las mismas influencias que acusa la lengua se pueden determinar en la composici�n �tnica del pueblo idoubedano, pero en este caso con un evidente sustrato prehist�rico ancestral que determina decisivamente su acusada personalidad.
El relieve idoubedano es muy abrupto, constituyendo en general un macizo que domina desde gran altura los valles del Duero, Ebro y Tajo. Su clima es �spero, muy fr�o en el prolongado invierno, aunque fresco y agradable en el corto verano. Clima y terreno determinan el aspecto del ser humano que en estas tierras habita: el idoubedano aut�ctono y sin mezcla es por lo general de estatura mediana, sufrido, �gil en sus movimientos y muy inteligente. Desde hace m�s de un siglo, su escolarizaci�n y alfabetizaci�n es completa. El pueblo idoubedano concede gran importancia a la educaci�n. Abundan las bibliotecas p�blicas y privadas, y la lectura es m�s una pasi�n que una afici�n.
Caracter�sticas fundamentales del car�cter idoubedano son la sobriedad y la solidaridad. Es poco amigo de expansiones huecas, hasta el punto que a veces es considerado �equivocadamente� como seco y poco afectivo. Frente a la cultura de la superficialidad y el placer r�pido que domina nuestra sociedad, el idoubedano aut�ctono apuesta por la trascendencia y por la obra bien hecha, destinada a perdurar. Pero la Ido�beda tambi�n sabe divertirse. Sus fiestas �en ellas el toro, animal tot�mico, es el protagonista� son famosas en todo el mundo. Arte y ciencia florecen en la Ido�beda actual, en espera de que la asunci�n definitiva de su car�cter nacional permitan un desarrollo vern�culo m�s vigoroso.
La naci�n idoubedana es un gran reservorio de recursos naturales. Una desarrollada cultura forestal e hidr�ulica permite a la naci�n idoubedana ser l�der en el uso sostenible de los recursos naturales. Su balance de carbono es negativo, funcionando como sumidero de las emisiones generadas por las regiones industriales circundantes, mucho m�s contaminantes. Un reciente y r�pido desarrollo de la energ�a e�lica permite considerar a la Ido�beda como verdaderamente especializada en la producci�n de energ�as renovables. No menos interesante es el sector primario.
De nuevo la Ido�beda es ejemplo de agricultura ecol�gica y sostenible, de viejas pr�cticas fuertemente enraizadas en la cultura idoubedana ancestral �como una armoniosa interacci�n entre la cr�a de ganado lanar y una labranza de conservaci�n que ha llamado la atenci�n de prestigiosos organismos internacionales dedicados a conseguir un desarrollo sostenible�. Lo mismo se puede decir de la industria �poco desarrollada todav�a, pero con prometedoras perspectivas en el sector de la alta tecnolog�a� y del turismo, que ha apostado por un modelo de ecoturismo nacional capaz de combinar el desarrollo rural con la conservaci�n.
Hist�ricamente, nunca ha coincidido la Ido�beda actual con una unidad pol�tica. Sucesivos desarrollos expansivos de los reinos medievales de Castilla y Arag�n ocuparon siempre en precario esta no man�s land monta�esa de tan fuerte personalidad situada entre ambos poderes. Empero su fuerte desarrollo econ�mico, basado en lanas y maderas, superaba al de las tierras bajas que la circundaban. La creaci�n de un Estado espa�ol fuertemente centralista en los siglos XVIII y XIX asest� un duro golpe a la sociedad y a la cultura idoubedanas. La castellanizaci�n y uniformizaci�n afect� a todo su territorio. El Estado, lejos de asignar recursos a la Id��beda �como los que circulaban en abundancia en direcci�n a Zaragoza, Valladolid, Barcelona, Bilbao y especialmente Madrid� esquilm� sus recursos naturales, principalmente sus extensos bosques, a un precio irrisorio.
M�s adelante, entrado ya el siglo XX, el Estado espa�ol volvi� a abusar de las riquezas de la Ido�beda �esta vez de su agua� construyendo grandes embalses de riego y electricidad que nunca dejaron un solo litro ni un solo kilovatio en el interior del pa�s que los produc�a. Durante la guerra civil, la mitad norte cay� pronto en manos de Franco, mientras que el sur permaneci� fiel a la Rep�blica tres a�os m�s. La Ido�beda fue el escenario algunas de las batallas m�s cruentas de la Guerra: Guadalajara y Teruel.
El franquismo caus� grave da�o a la econom�a y a la sociedad idoubedanas, contribuyendo definitivamente a la desertizaci�n de su territorio y extrayendo del mismo recursos que reforzaban a su vez la econom�a de otras regiones m�s ricas sin dejar nuevamente ni una migaja en el interior de la Ido�beda. Durante la Transici�n, debi� incluso entablarse dura lucha para evitar que la Ido�beda se convirtiera en el basurero nuclear del Estado espa�ol, lo que se consigui� s�lo en parte. Regionalismos, autonomismos e independentismos pasaron de largo por la Ido�beda, en a�os en que se consolidaban entidades pol�ticas en Arag�n, Castilla y Le�n, Castilla-la Mancha, La Rioja, Comunidad Valenciana, etc.
Tan s�lo algunos ciudadanos, conscientes de la larga distancia que los separaba de sus nuevas �capitales�, Valladolid, Zaragoza o Toledo, mantienen una tenue esperanza de redenci�n nacional propia. Pero no olvidan que la verdadera explotaci�n que sufre la Ido�beda procede principalmente del tri�ngulo que forman Madrid, Barcelona y Bilbao. El nacionalismo idoubedano rechaza esta dictadura de las grandes �reas urbanas y apuesta por una ciudad a la medida del hombre, estrechamente enlazada con su hinterland econ�mico y cultural natural.
Considera la cultura urbana, basada en territorios virtuales, como la gran enemiga de la cultura nacionalista, basada en territorios reales. Frente al sistema de ciudades unidas por redes comerciales al que tiende el mundo actual, tan proclive al hedonismo consumista, el idoubedanismo apuesta por naciones separadas por fronteras, como terreno propicio para la manifestaci�n de la verdadera democracia. Propone por lo tanto una gran alianza de nacionalismos �espa�ol, vasco, catal�n, gallego, idoubedano, europeo, etc� como manera de combatir la decadencia de nuestra sociedad.
Es preciso reconocer que el car�cter nacional de la Ido�beda es hoy por hoy poco conocido, ni siquiera entre su propio pueblo. Siglos de aculturaci�n y de hegemon�a del capitalismo depredador nacionalista espa�olista, as� como del castellanismo y el aragonesismo, han dejado un pa�s empobrecido, desertizado de sus gentes, lleno de pueblos abandonados y de p�ramos sombr�os. Los problemas son abrumadores. Pero tambi�n las oportunidades.
Libre de ataduras no deseadas, integrada directamente en una Uni�n Europea en expansi�n, la Naci�n que se manifiesta en la Ido�beda tiene mucho que aportar a un mundo sostenible, a trav�s de dos caracter�sticas fundamentales de su car�cter nacional: la sobriedad �que implica un trato cuidadoso de los contados recursos de nuestro planeta� y la solidaridad � que requiere compartirlos con todos los pueblos de nuestro atribulado mundo.
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